
Recepção: 09-05-2026
Aprovação: 15-06-2026
pág. 883
DOI: https://doi.org/10.61616/rvdc.v7i2.1604
Documentar el territorio desde la educación: la observación visual
como estrategia pedagógica para la conciencia de seguridad en
contextos de violencia
Fernanda Tusa
ftusa@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-1570-9579
Universidad Técnica de Machala
Jorge Maza Córdova
jlmaza@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0000-0001-8074-9529
Universidad Técnica de Machala
RESUMEN
Este artículo presenta una experiencia pedagógica implementada en la carrera de Pedagogía
de las Ciencias Experimentales de la Universidad Técnica de Machala (Ecuador), durante el
período académico 2025-2, en la asignatura Modelos de Investigación Educativa. El contexto
territorial de la provincia de El Oro, caracterizado por altos índices de violencia, narcotráfico
e inseguridad, motivó la ejecución de una práctica educativa orientada a la observación y
documentación visual del entorno universitario nocturno. A partir de la técnica de
observación in situ, 37 estudiantes de los semestres quinto y sexto registraron, mediante
fotografía digital, las condiciones del campus y sus alrededores, generando un collage
colectivo como producto de análisis y reflexión. Los resultados evidencian la pertinencia de
integrar la educación para la seguridad dentro del currículo formativo, promoviendo la
conciencia territorial, la lectura crítica del entorno y la corresponsabilidad institucional en el
resguardo estudiantil. La práctica se configura como una estrategia pedagógica innovadora,
aplicable en contextos de vulnerabilidad social, que vincula la investigación educativa con la
formación ciudadana.
Palabras clave: Educación superior, investigación educativa, observación in situ, seguridad
estudiantil, prácticas pedagógicas
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Este trabajo está bajo una licencia Creative Commons Attribution 4.0 International.

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Documenting the territory through education: a visual observation
practice as a pedagogical strategy for security awareness in
contexts of violence
ABSTRACT
This article presents a pedagogical experience implemented in the Pedagogy of Experimental
Sciences program at the Technical University of Machala (Ecuador) during the 2025-2
academic term, within the course Models of Educational Research. The territorial context of
El Oro province—characterized by high levels of violence, drug trafficking, and insecurity—
motivated the implementation of an educational practice aimed at visual observation and
documentation of the university’s nighttime environment. Using the in situ observation
technique, 37 students from the fifth and sixth semesters recorded, through digital
photography, the conditions of the campus and its surroundings, producing a collective
collage as a product of analysis and reflection. The results demonstrate the relevance of
integrating education for safety within the academic curriculum, fostering territorial
awareness, critical reading of the environment, and institutional co-responsibility for student
protection. The practice is configured as an innovative pedagogical strategy, applicable to
socially vulnerable contexts, that links educational research with civic formation.
Keywords: Higher education, educational research, in situ observation, student safety,
pedagogical practices
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INTRODUCCIÓN
El escenario educativo ecuatoriano ha atravesado transformaciones profundas en los últimos
años, marcadas por crisis sanitarias, naturales y de seguridad ciudadana. Desde el año 2020,
la pandemia de la COVID-19 impuso un giro radical hacia la virtualización de la enseñanza en
todos los niveles educativos, generando un proceso acelerado de adaptación tecnológica y
pedagógica (Ministerio de Educación del Ecuador, 2021). En este contexto, la Universidad
Técnica de Machala (UTMACH), como institución pública de educación superior, implementó
estrategias de educación en línea que permitieron la continuidad académica, especialmente
en la carrera de Pedagogía de las Ciencias Experimentales, donde la modalidad virtual se
consolidó como alternativa de emergencia.
Sin embargo, la virtualidad, inicialmente concebida como respuesta temporal, se extendió
más allá del confinamiento sanitario debido a factores externos que afectaron directamente
la infraestructura física y la seguridad del territorio. Entre los años 2021 y 2023, la provincia
de El Oro experimentó un terremoto que ocasionó daños significativos en edificaciones,
afectando tanto la infraestructura universitaria como la movilidad de los estudiantes
(Instituto Geofísico del Ecuador, 2022). Este hecho obligó a mantener la enseñanza remota,
en un esfuerzo por garantizar la continuidad del proceso formativo.
A partir de 2024, un nuevo condicionante emergió en el panorama educativo: la expansión
del narcotráfico, la delincuencia organizada y los conflictos armados urbanos que afectaron
gravemente la seguridad de los estudiantes universitarios. Diversos informes periodísticos y
académicos han identificado a la provincia de El Oro como una de las más peligrosas del país,
con altos índices de violencia y presencia de bandas criminales (del Pozo Carrasco, Giler &
Sánchez, 2024; InSight Crime, 2024). Estas condiciones repercutieron directamente en la
percepción de riesgo de los estudiantes y en la operatividad de las clases nocturnas, afectando

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la dinámica pedagógica y la asistencia presencial.
Contextualización de la investigación
En el segundo semestre del año 2025 (período académico 2025-2), la carrera de Pedagogía
de las Ciencias Experimentales, sección nocturna, retomó finalmente la modalidad presencial.
Este retorno implicó un proceso de readaptación emocional, social y cognitiva para los
estudiantes, quienes durante varios años habían cursado sus estudios de forma virtual. La
presencialidad, en contextos de inseguridad, representó un reto institucional; y al mismo
tiempo, un desafío humano que reconfiguró la experiencia universitaria.
La Universidad Técnica de Machala, situada en el suroeste del Ecuador, en la capital de la
provincia de El Oro, constituye un espacio académico estratégico para la formación docente.
No obstante, su ubicación geográfica, cercana a la frontera con Perú y en una zona de alta
conflictividad social, la convierte en un entorno vulnerable. Los estudiantes de la sección
nocturna, en su mayoría trabajadores y padres de familia, se desplazan hacia el campus
después de las 18h00, atravesando zonas con limitada iluminación, escasa vigilancia policial
y frecuentes incidentes delictivos (Defensoría del Pueblo del Ecuador, 2024).
Este contexto fue el punto de partida para la experiencia pedagógica que se documenta en el
presente artículo, desarrollada en la asignatura Modelos de Investigación Educativa con 37
estudiantes de quinto y sexto semestre. La práctica consistió en una observación visual del
entorno universitario, donde los participantes registraron mediante fotografía digital las
condiciones del campus y sus alrededores. El objetivo fue promover una reflexión crítica sobre
la seguridad y fomentar la apropiación del territorio desde una perspectiva educativa y
ciudadana.
Planteamiento del problema de investigación
El fenómeno de la inseguridad en los entornos educativos ecuatorianos se ha incrementado

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de manera alarmante, afectando no solo el desempeño académico, sino también la salud
mental y emocional de los estudiantes (UNESCO, 2023).
La violencia, el miedo y la desconfianza alteran las dinámicas de aprendizaje y debilitan la
cohesión social dentro de la comunidad universitaria (Titistar-Cruz, Matabanchoy-Salazar &
Ruíz-Bravo, 2022). En el caso particular de la UTMACH, los asaltos y amenazas en los
alrededores del campus se han convertido en experiencias recurrentes entre los estudiantes
nocturnos, generando un clima de vulnerabilidad y riesgo constante (Tusa, Tejedor y
Aguaded, 2025).
A pesar de que la seguridad universitaria es un tema de creciente preocupación, existen
escasas estrategias pedagógicas que aborden esta problemática desde la docencia (Ortega
González et al., 2021). La mayoría de las medidas adoptadas por las instituciones se centran
en aspectos administrativos y de infraestructura, sin integrar la dimensión educativa y
formativa del problema. En consecuencia, se carece de prácticas curriculares que permitan a
los futuros docentes reflexionar críticamente sobre la inseguridad como fenómeno social y
educativo.
De este modo, surge la necesidad de indagar cómo las estrategias pedagógicas basadas en la
observación in situ y la documentación visual pueden contribuir a desarrollar conciencia
territorial, percepción crítica del entorno y autogestión de la seguridad en los estudiantes
universitarios (Schlenker, 2022). Es así que el problema de investigación se centra en la
pregunta: ¿De qué manera una práctica de observación visual del entorno universitario puede
fortalecer la conciencia de seguridad y la reflexión ciudadana en contextos de violencia
territorial? Ante esta interrogante, el objetivo general de esta práctica educativa fue
promover la conciencia crítica y la autogestión de la seguridad personal mediante una
experiencia de observación visual participativa en la Universidad Técnica de Machala.

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Como objetivos específicos se plantearon:
a) Aplicar la técnica de observación in situ para documentar el entorno universitario
nocturno.
b) Fomentar la reflexión pedagógica sobre el papel de la educación en la prevención y
gestión de riesgos.
c) Proponer líneas de acción orientadas al fortalecimiento de políticas institucionales
de seguridad universitaria.
Justificación del estudio
La presente investigación se justifica en la urgencia de vincular la práctica educativa con las
realidades sociales del territorio. En contextos donde la violencia y la inseguridad condicionan
el acceso y la permanencia en la educación superior, el aula debe transformarse en un espacio
de conciencia y resiliencia (Freire, 1970). Esta práctica busca documentar una problemática y
activar una pedagogía crítica de la mirada, donde los estudiantes reconozcan su entorno
como objeto de estudio y de transformación (Barragán, 2023).
En la formación docente, la observación del contexto constituye una competencia
fundamental. Según Bolívar, Domingo & Fernández (2001), la docencia requiere interpretar
las condiciones del entorno para adaptar las estrategias pedagógicas y garantizar aprendizajes
significativos. En este sentido, la observación visual del territorio es una herramienta esencial
para fortalecer la empatía, la sensibilidad social y la acción transformadora (Díaz, 2021).
En términos institucionales, la experiencia aporta al cumplimiento de los objetivos del modelo
educativo de Educación Superior, el cual concibe a la universidad como un actor social
comprometido con el desarrollo local y el bienestar colectivo (Consejo de Aseguramiento de
la Calidad de la Educación Superior, 2022). La práctica contribuye, por tanto, a los procesos
de aseguramiento de la calidad universitaria y al fortalecimiento de la responsabilidad social

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universitaria.
El valor de esta práctica radica en su carácter replicable. Al emplear recursos simples como
observación, fotografía y análisis colectivo, puede implementarse en cualquier entorno
educativo vulnerable. Además, promueve aprendizajes transversales que combinan
competencias investigativas, ciudadanas y éticas. Tal como señala Schön (1998), la educación
debe enseñar a los futuros profesionales a pensar en la acción y desde la acción, vinculando
experiencia y reflexión como procesos inseparables del aprendizaje.
La observación in situ y el registro visual permiten, asimismo, fortalecer la capacidad
interpretativa del estudiante frente a los problemas de su entorno. A través del análisis de
imágenes, los participantes desarrollan habilidades de lectura crítica del espacio y del discurso
visual, esenciales para la comprensión de los fenómenos sociales contemporáneos (Rose,
2022).
La práctica educativa descrita tiene una clara dimensión social: posibilita que los estudiantes
se reconozcan como actores activos en la construcción de entornos más seguros. De acuerdo
con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2023), la inseguridad es
uno de los factores que más impacta en la exclusión educativa, especialmente en zonas
periféricas. En este contexto, la educación superior cumple una función estratégica al
empoderar a los jóvenes como agentes de cambio y participación comunitaria.
En correspondencia con ello, la propuesta contribuye a la prevención de riesgos y a la
formación de hábitos de cuidado personal y colectivo. El aprendizaje experiencial sobre
seguridad genera conciencia de corresponsabilidad entre estudiantes, docentes y
autoridades. Esto coincide con la visión de la UNESCO (2023), que recomienda incorporar la
educación para la seguridad y la convivencia pacífica dentro de los currículos universitarios
en América Latina.

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Desde el ámbito académico, la experiencia permite articular investigación, docencia y
extensión universitaria. La producción del collage visual y la discusión crítica en el aula
constituyen evidencias tangibles del aprendizaje significativo, potenciando la competencia
investigativa en el campo de la educación. Además, la práctica sienta bases para futuros
estudios sobre la relación entre espacio, percepción y pedagogía en contextos de riesgo
(Barreras Villavelázquez et al., 2021).
La trascendencia formativa de esta práctica se manifiesta en la transformación de la
percepción estudiantil: mirar el territorio con ojos de investigador implica reconocer su
complejidad, sus amenazas y sus oportunidades. A criterio de Giroux (2016), la educación
crítica enseña a leer el mundo como un texto social, donde el conocimiento se constituye un
instrumento para la emancipación.
En efecto, esta experiencia constituye un aporte a la pedagogía de la seguridad y a la
educación para la vida. En medio de la incertidumbre y la violencia, la universidad se reafirma
como un umbral de esperanza, diálogo y reconstrucción del tejido social. Documentar el
territorio no es solo un ejercicio académico: es un acto de resistencia educativa que reafirma
la función humanizadora de la educación en contextos de adversidad (Ogia Berrocal, 2023).
Marco Teórico
Educación situada y aprendizaje en contexto
El aprendizaje situado se sustenta en la premisa de que el conocimiento emerge de la
interacción entre las personas, los contextos y las prácticas sociales. Lave & Wenger (1991)
definen este enfoque como un proceso de participación legítima en comunidades de práctica,
donde el aprender implica apropiarse de saberes culturalmente mediados.
En la educación superior, esta concepción cobra especial relevancia cuando los entornos de
aprendizaje se ven condicionados por factores externos, como la inseguridad o la violencia

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urbana, que determinan las experiencias formativas cotidianas.
En este sentido, la experiencia pedagógica implementada en la carrera de Pedagogía de las
Ciencias Experimentales de la Universidad Técnica de Machala responde al principio del
aprendizaje contextualizado: se aprende desde el territorio y con el territorio. El espacio físico
y simbólico de la universidad se convierte en un laboratorio de observación donde los
estudiantes analizan las condiciones que influyen en su experiencia educativa. Tal y como
sostiene Perrenoud (2004), comprender el entorno constituye el primer paso para
transformar la realidad educativa.
Investigación educativa como praxis reflexiva
La investigación educativa, entendida desde la praxis reflexiva, busca comprender las
condiciones estructurales que los producen. Carr & Kemmis (1988) señalan que la
investigación en educación debe estar orientada a la emancipación, involucrando a los
participantes en un proceso de autorreflexión crítica sobre su práctica y su contexto. En este
marco, la observación visual implementada con los estudiantes de la UTMACH se concibe
como un ejercicio de indagación y acción pedagógica.
El enfoque reflexivo permite resignificar la noción de “aula” como un horizonte expandido
que trasciende los límites físicos del edificio universitario. La práctica de campo, al situarse en
el entorno inmediato, posibilita que los estudiantes reconozcan las interrelaciones entre
educación, seguridad y territorio. Según Zeichner (2022), el docente-investigador debe
promover escenarios de aprendizaje donde la reflexión crítica sea el eje que articula la teoría
con la realidad social.
En este contexto, la observación in situ es una técnica fundamental en la investigación
cualitativa, que permite registrar comportamientos, ambientes y significados en su contexto
natural (Angrosino, 2012). En el ámbito educativo, su aplicación favorece el desarrollo de

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habilidades de percepción, análisis y registro sistemático de la realidad. Esta estrategia
potencia la capacidad analítica del futuro docente y lo sensibiliza frente a las condiciones
sociales que enmarcan su quehacer profesional.
Implementada pedagógicamente, la observación in situ transforma la mirada del estudiante
como un sujeto activo que interpreta, cuestiona y reacciona ante lo que ve. Este proceso, de
acuerdo con Flick (2022), convierte la observación en un acto de construcción de
conocimiento, donde la subjetividad se reconoce como parte del fenómeno investigado. En
el caso analizado, los recorridos visuales nocturnos permitieron comprender la inseguridad
como una vivencia compartida en el entorno universitario.
Fotografía educativa y lectura visual del territorio
Las metodologías visuales se han consolidado como un campo emergente dentro de la
investigación educativa contemporánea. Su principal fortaleza radica en la posibilidad de
representar fenómenos sociales complejos mediante imágenes, que comunican de manera
directa y emocional lo que las palabras a veces no alcanzan (Prosser, 2005). En el contexto
universitario, estas metodologías favorecen la participación activa del estudiante,
transformándolo en co-investigador de su propio entorno.
En la práctica desarrollada en la UTMACH, el uso de metodologías visuales permitió superar
las limitaciones del discurso verbal, dando lugar a una narrativa visual compartida. El collage
colectivo, producto final de la experiencia, funcionó como un dispositivo pedagógico que
condensó múltiples miradas sobre la inseguridad. De esta manera, la imagen se convirtió en
un lenguaje común para pensar y sentir el territorio desde la educación.
En el contexto investigativo, la fotografía ha sido históricamente una herramienta para
documentar y comunicar realidades sociales. Desde el ámbito educativo, su valor radica en la
capacidad de generar procesos de lectura visual crítica. Berger (1972) argumenta que toda